El 25 de noviembre de 1891 llegó José Martí a Tampa, ciudad norteamericana en la que al día siguiente pronunciaría su brillante discurso “Con todos y para el bien de todos”, mientras asistía a la fiesta artística literaria del club Ignacio Agramonte.
Han transcurrido 120 años desde entonces y esta frase continua siendo símbolo de la unidad de todos los cubanos.
La fuerza de la oratoria, el verbo enardecido, la vasta cultura del orador y su profundo amor por la libertad que emanaban de cada una de sus palabras, enalteció al auditorio, inflamó los corazones de aquellos que escuchaban y absorbían cada sentimiento, cada señal de independencia, cada exhortación a la lucha que se desprendía de su mensaje: “Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella”.
Eso ocurre con los forjadores de pueblos y José Martí es ejemplo cimero de esa consecuente labor de identificación revolucionaria. La unidad de todas las fuerzas patrióticas era, para él, el primer escalón en la lucha por la independencia.
Ese afán unificador de Martí quedó plasmado en la frase con la que finalizó su discurso aquel 26 de noviembre de 1891:
“Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos y para el bien de todos”.
En la significación de esta frase no incluía el Apóstol a los cubanos lacayos del imperialismo, a los opresores del pueblo, a los contrarrevolucionarios.
Para dejarlo claro Martí solía completar la palabra todos con calificativos o atributos que precisaban su significado: “todos los hombres honrados”, “todos los cubanos del más diverso origen que quieran la libertad”, “todo el pueblo cubano revolucionario”, “todos aquellos hombres abnegados y fuertes”.
Ese es el espíritu del término todo utilizado por Martí.
Este blog rinde tributo al Maestro.
MM.